Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover.
Legaria es un bonito pueblo de Tierra Estella, se encuentra en las primeras elevaciones de la Sierra de Urbasa, en un lugar donde ocurren cosas mágicas con seres fantásticos.
Iñigo y yo éramos amigos inseparables, nos conocíamos desde pequeños ya que en un pueblo pequeño tampoco había muchos entre que elegir, pero estoy segura de que entre un millón habría elegido de amigo a Iñigo.
Iñigo es un chico moreno, con la piel curtida de los numerosos paseos y ratos que pasa al aire libre, tiene un fosco cabello negro que suele llevarlo corto, aunque yo lo veo más atractivo, si cabe, con el cabello más largo. Sus ojos inteligentes de color marrón parecían radiografiar todo lo que miraban, a mi me gustaba cuando me miraba. En resumen, a él le gustaba estar conmigo y a mi no me disgustaba su compañía, vamos, que éramos como uña y mugre.
Como todos los fines de semana quedamos para hacer una excursión por el bosque.
Cuando habíamos subido la cuesta de la rebollada, había amanecido un día claro, pero llegamos a la cumbre del repecho que ya nos impedía ver el pueblo. Todo se puso muy oscuro y empezó a nevar con fuerza.
Iñigo y yo comenzamos a caminar desorientados por la ventisca.

 
 
Garazi