Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover. Dichos pasos se pararon, alguien me tocó el hombro y me sobresalté, era mi mejor amiga Sol.
Ella era simpática, divertida y graciosa, de pelo muy largo y unos ojos de color negro como el azabache.
Me giré y Sol estaba llorando, mientras me contaba lo sucedido yo le ofrecí una taza de leche con cola cao. Resulta que había muerto su gatito al que tanto quería, yo la estaba tratando de animar y poco a poco ella se iba serenando.
Al rato me acordé de que mañana era su cumple y ya sabía lo qué regalarle.
Esa tarde estuvimos en mi casa recordando felices momentos con su gatito y Sol se puso feliz al pensar que el pequeño animal podría estar en un lugar mejor, un lugar al que Sol y yo llamamos “El país de los animales durmientes”.
Ya era de noche y Sol se fue a su casa. Llegaron mis padres de trabajar y cenamos, como mañana era sábado, nos quedamos viendo la televisión hasta tarde.
Al día siguiente les conté a mis padres lo sucedido en el día anterior y les pareció buena idea lo de mi regalo.
Esa mañana llamé a Sol para felicitarla y quedamos para ir a su cumple. Antes de comer fui a comprar el regalo a Sol, el cual le iba a encantar y se iba a poner súper contenta.
Llegó la tarde y ya estaba preparada, fui a casa de Sol y estaban todos nuestros amigos. Ya era la hora de la tarta y todo el mundo dio los regalos. Le regalaron de todo: mochila, bisutería, peluches y dinero.
Y al fin le di mi regalo, se emocionó tanto que se puso a llorar y me dio un gran abrazo, es el regalo que más le gustó, un gatito chiquitito de color grisáceo, al que le puso como nombre Luna.

 
 
Patricia