Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover. Resulta que estaba soñando, abrí los ojos y el entorno pasó de ser una imagen borrosa a una nítida realidad.
Lo que en verdad me levantó fueron los gritos de las vecinas de lo que venía siendo la casa de Fran.
Me preparé para ir al colegio y me dirigí a la parada del autobús en la que solía encontrarme con Fran. Pasadas las 3, al salir del colegio, me dirigí a su casa para ver qué le pasaba.
Tenía el rostro marcado, le pregunté por qué y me dijo que se había tropezado por la escalera y había tenido que ir a urgencias.
En ese momento su padre subía las escaleras bajo los efectos del alcohol, al ver a Fran con la puerta abierta comenzó a gritarle. Su madre, apresurada, le pidió que se calmara y de un empujón la apartó, recibiendo un impacto contra la pared.
En ese momento llamé a la policía para que vinieran a buscarlo. Ahora el padre está bajo prisión, su mujer descansa en paz en su hogar y Fran quiere vivir en un sueño, pero cada mañana abre los ojos lentamente y el entorno pasa a ser de una imagen borrosa a una nítida realidad.

 
 
Cristian