Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover rosas.
Vi pasar a una chica muy bella con el pelo rubio y rizado, entonces bajé a la calle y me la encontré en el ascensor, resulta que era mi vecina.
Al día siguiente le dije a ver si quería ser mi amiga y ella me dijo que sí, entonces me puse un poco colorado, porque estaba enamorado de ella.
Ese día estuvimos muy a gusto jugando los dos. A la tarde le invité al cine y vimos una película que se titulaba “La rosa perdida”.
Al cabo de un tiempo me pidió salir conmigo y yo como tonto no iba a decirle que no, entonces le dije que si.
Ese día fue el mejor de mi vida, porque era mi primer amor, nuestra relación funcionaba, íbamos a muchos sitios juntos, fuimos novios hasta que pasaron unos buenos años, pero ella tiene cuarenta y dos y yo cuarenta y uno.
Me acuerdo de que una vez, por su cumple, le regalé una entrada para su grupo de música preferido, entonces me dijo que teníamos que casarnos, vinieron las dos familias y le escribí este poema que dice así:

“Cuando las rosas golpean tu rostro
Te vuelves dulce como el azúcar
Y el pajarillo canta la canción de las rosas
¡Canta pajarillo, canta!”

 
 
Iñigo