Se oían unos pasos en el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover en Pamplona.
Oía unos pasos misteriosos, me aterraban, yo me asustaba cada vez más y más, me escondí debajo de la cama hasta que llegó a mi cuarto y ¡¡ploz!! Era una pesadilla.
Yo no fui al colegio ¿Pues? no lo sé. Se me murió un abuelo, me afectó mucho, le tenía mucho cariño.
A los veintitrés me hice católico y bueno, volví a tener la misma pesadilla como la que tuve a los once años. Esta vez le vi la cara a esa mujer que llevaba una rosa en la mano, esta vez el sueño me parecía eterno y al despertar encontré la rosa en la cama y sin la mano izquierda.

 
 
Héctor