Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover. Sabía lo que significaban esos pasos impacientes que se aproximaban, es el peso de la cotidianidad.
No me apetecía nada, la verdad. Hoy las cosas en el trabajo no habían ido del todo bien y estaba agotado ¡Y encima con este tiempo!
Pero, ¿cómo negarse? Cuando alguien confía en ti plenamente, cuando alguien espera que actúes con la misma nobleza que él mismo se entrega…
Llegó a mi lado y se sentó con la correa entre los dientes moviendo ansiosamente la cola.

•  Anda vamos, Tobi.

•  ¡Guau! ¡Guau!

 
 
Jose María