Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover. Una gran melancolía me llevaba, el otoño era la época del año que menos me gustaba, esas hojas caídas y húmedas, esos tonos grises en la ciudad, ese anochecer que rápidamente se come el día… en fin, todo toma un tono de tristeza el cual debemos borrar acordándonos de los más niños en los gigantes, del sonido de la iluminación multicolor de las barracas o de las verbenas estivales.
Pero, por favor, debo sacudir este tono negativo que me inunda, porque en otoño, uno también puede pasarlo bien en nuestra ciudad. Como no, recibimos la visita de nuestro amigo el castañero con sus cucarachas de calor y alimento, en las calles empieza a oler a Navidad, los abuelos cuentan la historia del Olentzero a sus nietos, se oyen villancicos…
Cada época del año tiene su encanto, debemos descubrirlo y aprovecharlo. No por llevar paraguas, bufanda o guantes lo voy a pasar peor que llevando bikini, pañuelito o faja.

 
 
Fernando