Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover. Nos habíamos mirado en la penumbra, buscando palabras que no existían y con un solo abrazo nos dijimos todo. La vi alejarse como se ven los caminos del campo al atardecer, cuando las sombras de los álamos engañan la vista y el paisaje parece solo un sueño. Así es la nostalgia, un lento baile circular.
Enamorada de la noche y del crepúsculo de las estrellas, comencé a explorar los rincones de mi memoria, rescatando historias del olvido. La primera vez que te cogí el brazo y vi como esos ojitos se abrían por primera vez, traías el mundo en la mirada. Tus primeros pasos, las primeras palabras, cada uno de tus cumpleaños, tu primer amorů todo estaba allí, bien guardado.
Una gran alegría invadió todo mi cuerpo. Lo habíamos conseguido, ya era hora de que emprendieras tu vuelo, a pesar de que los viajes siempre van acompañados de despedidas.
Orgullosa de todo lo que habíamos conseguido y orgullosa de la persona en que te habías convertido, sonreí de alegría.
Yo siempre estaré contigo, aunque a veces en la vida, las cosas cambian antes de que las personas puedan acostumbrarse a ellas.

 
 
Eva