Se oían unos pasos por el pasillo mientras desde la ventana comencé a ver llover.
Era un atardecer de Noviembre, mis pensamientos vagaban de un sitio a otro sin rumbo fijo. De pronto me quedé extasiada ante el maravilloso cielo que se extendía ante mí. Jamás lo había contemplado tan hermoso, tan sutil, tan arrebatador. Estaba cubierto de nubes y un denso humo lo envolvía.
A mis pies no era menos hermoso el panorama que se extendía. Una serie de montañas parecían entrelazadas entre sí por pequeñas llanuras y sutiles valles.
A medida que pasaba el tiempo el cielo se iba oscureciendo y poblando de innumerables estrellas.
Yo pensaba, pensaba en no se qué, que torturaba mi imaginación.

 
 
Ana María